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Aprendizajes para lograr tus objetivos

sábado, 9 de marzo de 2013

La inteligencia emocional y el liderazgo.

Por lo general hablamos de emociones. Es un lugar común decir que el ser humano vive inmerso en ellas y que son éstas las que le dan la sentido a la existencia. A pesar de lo anterior, el imaginario colectivo no define las emociones, confundiéndolas casi siempre con una suerte de función congnitiva; o sea, que son un producto "mental" y que pueden modelarse mediante el pensamiento.
 
Humberto Maturana, Francisco Varela y Susana Bloch, célebres científicos chilenos, a partir de sus investigaciones en el campo de la neurociencia han propuesto que las emociones son "un estado corporal dinámico que permite un campo de acción posible"; en castellano, las emociones son un estado corporal (caracterizado por tensión o distensión de ciertos grupos de músculos, de ciclos de respiración, de posturas corporales y faciales) que están en constante cambio (dinámicas) y que son las que determinan los pensamientos y acciones que podemos y no podemos hacer dependiendo de éstas.
 
Como ejemplo, podemos mencionar que una persona en la emoción de la rabia tendrá una tensión particular en los músculos de las manos y los pies (entre otros), una expresión facial contraída y una respiración agitada. Esta misma persona, producto de su emoción, estará más propensa a captar del ambiente aquellos estímulos que sean coherentes con su estado, así como también, responderá al contexto de acuerdo a éste. Si por error o por falta de "tacto" para reconocer las señales corporales se nos ocurriese burlarnos de esta persona, posiblemente el resultado no sería positivo (A pesar que esta persona generalmente pudiese presentar buen ánimo y bromear junto a nosotros en otro contexto, sus respuestas conductuales estarán modeladas por su estado emocional actual).
 
Si tomamos la definición anterior y la aplicamos al concepto de inteligencia emocional, vemos que esta última es la capacidad de reconocer el estado corporal actual propio (que guía y determina nuestros pensamientos y acciones), así como también de los otros para, como menciona Bloch, surfear en el mar emocional humano.
 
El líder, necesariamente debe desarrollar este tipo de habilidad ya que, a pesar de lo que creemos constantemente, las relaciones sociales no dependen de las capacidades cognitivas sino que en gran medida son reflejo de nuestro manejo emocional. 

Como ejercicio práctico, proponemos realizar una autoevaluación utilizando las siguientes preguntas: 
1.  Cuando estoy en una situación de estrés o en una discusión ¿Qué señales me envía mi cuerpo?
2. ¿Estoy consciente de mi expresión facial cuando entrego o recibo una instrucción?
3. Cuando intento motivar mediante una conversación, ¿Cómo está mi cuerpo?

El autoconocimiento es uno de los principales desafíos del líder en la sociedad del conocimiento; para apoyar en ello está Dynamo Coaching.

miércoles, 6 de marzo de 2013

¿Éxito o fracaso laboral? La importancia de la inteligencia emocional

Tengo la firme impresión que en el contexto actual, marcado por los códigos de la sociedad del conocimiento y el fácil acceso a las tecnologías (transformadas ya en un commodity), la inteligencia relacional es uno de los factores que predicen de mejor forma el éxito o fracaso laboral. 

Desde el sentido común, cuál promesa de paraíso celestial, creemos que la profesionalización y la especialización en un área del conocimiento nos asegurarán el logro de metas y objetivos personales y laborales. Desde la más temprana infancia, el sistema educacional nos inculca que la acumulación de saberes y contenidos nos permitirán, además de tener un buen trabajo, mantenerlo.

Si bien es cierto en todos los trabajos es requisito poseer competencias y habilidades en materias específicas, propias de la labor a realizar, la experiencia me dicta que, por lo general "te contratan por tu cabeza (razón) y te desvinculan por tu estómago (emoción)". 

Por lo general, el fracaso laboral tiene una directa relación con la ausencia de lo que Jaime García y Manuel  Manga han llamado "inteligencia relacional". ¿Qué es esta "inteligencia relacional"? Desde mi perspectiva, es la habilidad para lograr objetivos y metas, solo o en conjunto con otras personas (incluyéndolas, motivándolas y haciéndolas parte del proyecto), reconociendo los estados emocionales propios y de los otros como herramienta primordial.

¿Cómo sé que he desarrollado esta inteligencia relacional?

Como ejercicio práctico, propongo realizarse las siguientes seis preguntas.

1. ¿Cómo he construido la relación con mi entorno más cercano?
2. ¿Qué señales me entregan las personas que comparten conmigo?
3. ¿Estoy satisfecho con la forma en que asumo los errores o desaciertos?
4. Cuando necesito algo ¿Cómo lo pido?
5. Cuando algo me molesta ¿Cómo lo infomo?
6. Cuando algo me alegra ¿Cómo lo comparto?

El camino para desarrollar la inteligencia relacional es árduo, ya que no existen escuelas de gestión emocional, o por lo menos, antes de Dynamo Coaching, no existían.